domingo, 8 de abril de 2012

6 de enero. Besarla una y otra vez...


     6 de enero, vaya una fecha, me encanta este día del año. Los buenos propósitos todavía se están llevando a cabo y como no, hoy es día de ilusiones, risas y por supuesto caras felices.
     Me he levantado temprano, las peques todavía estaban durmiendo. He preparado los regalos debajo del árbol y me he dirigido a la cocina. Mis padres y mis hermanos ya estaban preparando el desayuno. Cómo me gusta este día, el aroma del chocolate preparado por mi madre impregna todas las estancias de la casa, el olor de los churros que prepara mi hermana se nota desde el piso de arriba...
     Todos estábamos expectantes a que las peques se despertaran, y, tal y como esperábamos no han tardado en salir de la habitación corriendo por el pasillo hasta el salón.
     Nos hemos dado cuenta de que se han despertado y todos nos hemos apresurado al salón. Mis princesitas han empezado a dar saltos y gritos de alegría "¡Los Reyes, han venido los Reyes!". Es increíble la energía que nos transmiten a todos desde buena mañana. Se levantan llenas de energía y la felicidad y alegría que llevan es la que nos hacen sentirnos orgullosos de ellas a todos.
     A todos se nos dibuja esa sonrisa en la cara, felicidad y complicidad a la vez. Todos los años, desde que mis sobrinas nacieron, esperamos este día con ansias, ya que nos alegra mucho verlas tan felices. Su felicidad es parte de la nuestra y siempre queremos verlas así.
     Poco a poco mis niñas, porque son mis niñas, han ido abriendo los regalos: muñecas, peluches, algún trocito de carbón dulce... Hasta que por fin ha llegado el momento en el que han abierto el regalo que les he hecho, ese detalle que se me ocurrió regalarles el otro día, mientras estaba tumbado en la Malagueta. El grito de alegría de ambas me hace pensar que les ha gustado. Dos peluches exactamente iguales, dos enormes dragones. Uno rosa y el otro amarillo.  Los vi en la tienda y no lo pensé dos veces, quería hacer felices a las reinas de mi vida y parece ser que el Tito Pablo lo ha conseguido un año más. Todos los años les regalo cosas que no se esperan, ya que esos detalles son los más bonitos que hay, y me da la sensación de que cada año les va gustando más y más.
     Ese momento en que el salón está lleno de envoltorios de regalo, y ellas no saben con qué juguete empezar a disfrutar del día, es un momento mágico para mí. Sus ojos brillan de felicidad, están radiantes, más bonitas que nunca, disfrutando de todos y cada uno de los regalos, enseñándose los regalos la una a la otra, alucinando en colores.
     Entre todos hemos ayudado a poner la mesa; nos hemos sentado y hemos empeazdo a desayunar. Las caras de las peques reflejaban felicidad absoluta y eso hace que yo sienta una felicidad interna difícil de expresar con palabras. Estaban sentadas la una al lado de la otra, disfrutando del chocolate calentito que les ha hecho la abuela, ensuciándose los morritos por la velocidad en que se lo beben.
     Recuerdo la tarde anterior, la tarde de la cabalgata, las calles de mi Málaga se llenan de ilusión, todos los niños impacientes por ver a los Reyes Magos, felicidad y nervios son el fiel reflejo de sus emociones ese día. Todos saltando, gritando, felices. Poco a poco comienzan a desfilar ante sus ojos Sus Majestades y la alegría de los más pequeños se dispara y con ella, la de los adultos que viven con más ilusión, si cabe, este momento mágico para todos los niños. Todos los pequeños se mueven de un lado para otro, corriendo, para coger la mayor cantidad de chucherías.
     Es en este momento cuando mi mente viaja atrás en el tiempo, vienen a mi memoria recuerdos de mi infancia y de mi adolescencia no tan lejana. Recuerdo cómo de chicuelo, esa tarde, la tarde del 5 de enero, era una de las más esperadas. Mis hermanos y yo nos colocábamos delante para poder coger el mayor número de caramelos posible. Recuerdo los nervios cuando se aproximaba el desfile hasta donde nos encontrábamos. Recuerdo esos momento y no puedo evitar dibujar una sonrisa en mi cara. Una sonrisa que también refleja una pizca de melancolía al recordar la felciidad que vivía cada tarde, cada año.
     Como no, también recuerdo con añoranza esas noches de cada 5 de enero, nada más cenar nos íbamos todos a la cama, era una noche en la que apenas podíamos conciliar el sueño, y deseábamos con todas nuestras fuerzas que el sol hiciera acto de presencia. Teníamos ganas de chasquear los dedos y que se hiciera de día para disfrutar de los regalos, descubrir qué nos habían traído los Reyes. Pero ese momento de dormir era imposible, lo pasábamos pensando en qué íbamos a desenvolver a la mañana siguiente.
     Llegaba el esperado momento, se hacía de día y tras levantarnos rápidamente de la cama, corríamos en dirección al salón. Los regalos bajo el árbol, cada uno con el nombre para quien pertenecía... Nuestras caras de ilusión y de felicidad al encontrar debajo del envoltorio nuestros deseos convertidos en regalos para mis hermanos y para mí. Salíamos a la calle a disfrutar de los regalos y compartirlos con los amigos, después de desayunar lo que hoy hemos desayunado y todos los años hacemos este día.
     Los recuerdos más recientes son los de cuando tenía unos quince años. Mis padres me decían que fuera con ellos a la Cabalgata el 5 de Enero, pero yo me negaba, por la única razón de que yo quería asistir allí con aquella chica que mencioné el otro día; aquella chica que me tenía robado el corazón, el alma y todo el sentimiento relacionado con el amor. Me había enamorado locamente de ella, y eso es muy difícil de olvidar, ya que, creo, que aquél fue el primer amor que viví. Es verdad que he tenido más relaciones anteriores, pero ella fue la que me dejó marcado, con la que pasé momentos increíbles en la playa, en fiestas, en Navidades, en los días de nieve, cada día del tiempo que estuvimos juntos. 
     Como decía, la Cabalgata de aquél año fue inolvidable yo creo. Le pedí que fuese conmigo, para que pudiéramos disfrutar de nuestra faceta infantil juntos. Es verdad que ya éramos quinceañeros, pero eso no quitaba que todavía tuviéramos la ilusión que sentíamos de chiquillos. 
     Aquella rubia, mi rubia en aquél momento, fue la que me hizo disfrutar de aquella tarde fría del 2005, el 5 de enero del 2005, y la que me hace recordar aún aquél beso cálido que me volvió loco, cuando la acompañé a su casa después de haber asistido a ver a Sus Majestades. Había pasado una tarde increíblemente especial junto a ella, pero, el momento en el que sentí aquél beso fue todavía mejor. Recuerdo cómo entrelazamos los dedos de las manos frías, tímidamente, como dos muchachos enamorados locamente, pero todavía con miedo de cometer algún error. Agarrados de la mano paseamos hasta llegar a su casa aquél atardecer; aquella tarde en la que supe que ella tenía que ser la mujer de mi vida, y con la que sigo soñando muchas noches.
     Ayer a la tarde, después de la Cabalgata, pasé por delante de su casa y no, no pude evitar quedarme abobado mirándola, recordando aquél beso que me llevó a la gloria en aquél momento. Un beso que quisiera que se repitiera una y otra vez.

sábado, 7 de abril de 2012

1 de enero. Qué caro es el tiempo...


 De nuevo encuentro unos minutos para escribir lo que me está ocurriendo. He dado la bienvenida a este 2012, rodeado de mi familia y de mis amigos. Tras el tradicional brindis por el año nuevo, salí con mi otra familia, mis amigos de toda la vida, aquellos que me han acompañado y han estado siempre ahí, tanto en los buenos como en los malos momentos. Los conozco desde que teníamos más o menos 7 añitos, aquél entonces cuando lo único que nos preocupaba era que llegáramos a tiempo a casa para poder ver nuestros dibujos animados favoritos; aquél entonces cuando recorríamos Málaga, corriendo, imitando el ruido de los aviones; aquél entonces cuando éramos felices.
      Me vestí para salir. Abrí el armario y saqué el traje negro, camisa blanca y corbata azul. Empecé a vestirme mientras comencé a recibir mensajes en el móvil del tipo "Pablo ¿te queda mucho?, mira que tardas en vestirte, ni que fueras una mujer". Está bien, reconozco que soy algo tardón, casi siempre llego tarde a todos los sitios, pero dicen que lo bueno se hace esperar... ¿no?.
     Salí de mi habitación listo para ir a la fiesta de año nuevo. Pasé por el salón para despedirme de todos y las peques se me acercaron, corriendo, mientras me decían "Tío Pablo guapo". Al oír aquellas palabras de la boca de mis princesitas, sonreí, aquellas dos chiquillas son mi debilidad.
     Me despedí de todos y bajé a la calle. Todos me estaban esperando, será que todos los demás se adelantan siempre...
     Llegamos al local y comenzó la fiesta, música, copas y amigos ¿se puede pedir más?. Tal vez yo necesite algo más, tal vez la necesite a ella. Intenté no rayarme con la idea y disfrutar de la noche. Aquél local era al que íbamos en la adolescencia, esos sábados a la noche cuando pasabas de todo y lo único que te importaba era divertirte. Por aquél entonces yo tenía a alguien especial a mí lado, y es por ello por lo que me vienen tantos pensamientos y tantas reflexiones sobre el amor. 
     Pasaban las horas y el alcohol comenzaba a mostrar sus primeros efectos. Como a todos nos pasa alguna vez, unas cuantas copas de más hacen que te sueltes, y así lo hice: para cuando me quise dar cuenta, aún me río al recordarlo, me veo con la corbata atada a la frente, bailando al son de las canciones que sonaban durante toda la noche.
     Pasaron las horas y se hizo de día. Tal vez la palabra con la que puedo calificar esa noche sea ÚNICA, comenzó un nuevo año cargado de ilusión y ganas de trabajar, aunque en estos momentos en los que el alcohol ha hecho mella en mí, tal vez no sean los más adecuados para trabajar... 
     La fiesta tocó su fin y todos volvimos a nuestras respectivas casas. Para cuando llegué, mis padres estaban en la cocina; llegué justo a tiempo para el desayuno. Tomé algo rápido y me fui directo a la cama. Estaba agotado, agotado pero feliz, la vida me está sonriendo en estos momentos.
     Dormí un par de horas y me he levantado justo para comer. Me he dado una ducha rápida y me he sentado a la mesa. Hemos comido en familia, como cada 1 de enero. ¡Es cierto! Ya estamos a enero, y eso me recuerda algo, se aproxima la fecha de reyes. 
    Hemos terminado de comer y mientras las peques están echando la siesta en una habitación, he aprovechado para dejar caer el tema de los regalos de las peques. Aunque participo en el regalo colectivo, me gusta sorprenderlas con un regalo más, y es por eso que mi cabeza, algo resacosa todavía, empieza a pensar en cómo hacer que mis niñas sean felices, ya que a ellas les debo parte de mi felicidad interna.
     Quiero pensar en algo ingenioso para regalarles ya que, en estas fechas tan señaladas hay que hacer detalles que no se olviden nunca; detalles que en cuanto los veas digas: "Qué feliz soy por haber recibido esto". 
     Antes de escribir un rato y contar todo lo que he hecho hoy, que es lo que ahora estoy haciendo, he decidido ir a pasear por mi Málaga, para poder pensar un rato y decirle "Hasta luego", ya que es hoy cuando me he acordado de que pronto tengo que irme a Madrid para empezar a preparar la Gira de Invierno de este año y promocionar nuestro segundo disco... 
     Me da mucha pena tener que irme de mi tierra, separarme de mi gente, ya que, después de los días anteriormente vividos, siento una cierta melancolía dentro. Pero sé que volveré; no sé cuándo, pero lo haré, simplemente porque necesito sentir el aroma del mar de Málaga en momentos en los que no estoy muy por la labor de poder estar contento. 
     Después de decidir los regalos que vamos a comprar entre todos, y aún sin pensar en el mío propio, me he cogido las gafas de sol y me he embarcado en el recorrido de mi tierra.
     He decidido ir pronto, después de comer, para no encontrarme con mucha gente. Es inmenso el cariño que recibo, eso es verdad, pero también es verdad que a veces prefiero estar solo o tener mi propia tranquilidad para poner cada cosa en su sitio y aprovechar mis caminatas.
     He comenzado parándome en la plaza. Aquella plaza me trae muchos recuerdos, ya que ahí era donde jugábamos con el balón cuando eramos niños, después del colegio, y donde mi madre nos venía a buscar al atardecer, para volver a casa y cenar con todos. Es como si estuviera viendo ahora mismo cómo Salva le pega al cristal de la casa con el balón y salimos corriendo para que no nos pillen. O cómo algunos de mis amigos se pillaban rabietas porque nosotros éramos los que ganábamos siempre. Hay que ver... Lo bien que me lo pasaba jugando al fútbol de pequeño y lo pato que he salido para ello ahora... Cómo cambian las cosas...
     Después de despertar de ese sueño que he tenido despierto, he seguido caminando hasta llegar a la antigua heladería, aquella a la que llevábamos a las chicas para poder invitarlas a un helado en verano, después de haber estado en la playa, con el sol abrasador bronceando y secando nuestra húmeda piel, dándose a ver el salitre. Es increíble lo feliz que era con catorce o quince años... Tenía a una chica maravillosa a mi lado, atenta, y con la que tenía una complicidad inmensa, ya que a ella también le apasionaba la música tanto como a mí.
     Dejo atrás la heladería, el kiosco, varias personas que se han parado para saludarme y conversar unos minutos conmigo, para dirigirme a la playa de la Malagueta. Pero no a la zona que todos conocen... Me dirijo a un rincón a la sombra de un par de palmeras, las que cubren un banco de piedra. Es una zona que muy poca gente conocemos, ya que está detrás de las rocas del espigón, como si de una "cueva" se tratase. En verano se está muy bien, ya que la brisa marina acaricia la piel suavemente, y la sombra evita que el sol te moleste. Pero, no os creáis, me acuerdo que muchas veces acudíamos a ese sitio en invierno, en días lluviosos, ya que, debido al gran tamaño de las hojas de las palmeras, uno no se moja ahí debajo. No era un lugar al que acudías con tus amigos, no; era un lugar al que acudías con tu chica en momentos en que sientes la necesidad de hablar, de estar con ella o de simplemente recibir un abrazo y que nadie te diga nada.
     Me he sentado en el banco y muchos recuerdos han empezado a aterrizar en mi cabeza, junto a los rayos de sol que la palmera tapa. Recuerdos que, en parte, me dan una dulzura exquisita en el corazón, pero, por otra, recuerdos que duelen. Me acuerdo que éste es el banco al que traje a una chica muy importante para mí. Éste es el lugar en el que le declaré mi amor a aquella chica aquella tarde lluviosa de marzo. Recuerdo la salida del colegio y ese: "¿Podemos hablar, por favor?" tan tímido que le dije en cuanto la ví. Ella me sonrió, con sus ojos azules brillantes. La llevé allí y, después de secarnos un poco y haber hablado, le solté todo lo que mi corazón y yo sentíamos por ella...
     Aquellos recuerdos también me traen a la mente que puede que en aquél entonces fuera más fácil darle paso al amor, ya que había más tiempo para disfrutar de él. Ahora, en cambio, yo sigo buscándolo con todas mis fuerzas, pero sin forzarlo, así sería peor...
     Entre estos pensamientos con el nombre de "Amor" grabado, decido dejar a un lado el banco de piedra en el que le dí la mano, y tumbarme en frente, en una roca que me servirá como hamaca. 
     Tumbado en aquella roca, con los ojos cerrados, el corazón latiendo a mil por la sensación tan extraña que me corroe, me sumerjo en un mundo: en el mío, en el de ella y en el de que quizás, algún día, será nuestro.

viernes, 6 de abril de 2012

31 de diciembre. El primer abrazo del año.


     31 de diciembre. Última noche del año. Noche de buenos propósitos para el año que entra, a sustituir éste que sale. Una noche especial y, como no podía ser de otra forma, rodeado de mi familia, de los seres a los que más quiero en esta vida, con los que sería capaz de pasar horas y horas, discutiendo con mi madre sobre qué mantel poner para la cena o con mis sobrinas sobre qué poner en la tele.
     Siento no haber podido contar lo que he vivido desde el otro día. Me ha sido imposible sacar tiempo. De aquí para allá, siempre rodeado de la mejor compañía posible, mi familia y mis amigos. Pero ya que he encontrado unos minutos para poder escribir, quiero dejar aquí plasmado lo ocurrido en estos días atrás, días en los que me he sentido protegido por mi gente, por mi Málaga.
    Todos los años, el 28 de diciembre, me levanto todavía adormecido sin ser consciente del día en el que estoy. Sí amigos, yo también soy de los que sufren alguna que otra inocentada y de los que las gastan, para qué os voy a mentir. Nada más despertarme ya está mi hermano Salva preparado para jugármela de buena mañana. Es increíble mi hermano, cómo me lía siempre. Después de un cruce de inocentadas con la familia y los amigos, llego a la conclusión de que sí, soy un gamberro, me encanta gastar bromas; me encanta ir a comprar el pan y gastar la broma del billete falso, o la broma de los insectos con mi hermana Casilda. No sé cómo lo hago pero, siempre nos reímos todos, aunque las bromas se repitan cada año.
     Pero vuelvo a la noche de hoy. Toda la familia preparada, reunida en casa. Noto que mi madre está feliz por tenernos a todos para terminar este año y comenzar el siguiente juntos. La mesa ya está preparada, las copas en su sitio, los platos, las servilletas... vamos, todo está en su sitio, colocado con la ayuda de toda la familia, con todo nuestro cariño, entre sonrisas mutuas. 
     Recuerdo con cariño las nocheviejas de mi infancia, son tan parecidas a ésta... Aunque claro, la familia no tenía tantos miembros como ahora, las peques no estaban. Pero volviendo a mis recuerdos de la infancia, todavía parece que estoy viendo los preparativos que mi madre hacía y continúa haciendo las tardes de cada 31 de diciembre. Todo el día metida en la cocina preparando con amor cada plato que íbamos a comer aquella noche. Recuerdo cómo cada vez que mis hermanos o yo entrábamos a la cocina mi madre nos daba alguna cosilla para que probáramos la comida, esas comidas... como las voy a echar de menos cuando esté de viaje... definitivamente no hay nada como la comida hecha por una madre, sencillamente no la cambio por nada en el mundo. También siguen en mi memoria, sin moverse, los momentos de indecisión para saber en qué cadena escuchar las campanadas, ya que, cada miembro de la familia quería escucharlas en una cadena diferente, así somos, nunca nos ponemos de acuerdo...
     Finalmente llegaba la noche y todos nos reuníamos como lo haremos esta noche alrededor de la mesa, cenábamos tranquilos, aunque confieso que yo algo nervioso, será porque esa noche vivimos pendientes del reloj, la llegada de las 12 hace que todos estemos expectantes a la llegada de esa hora. Sí, esa hora, las 12, y con ella las doce campanadas, acompañadas de las típicas 12 uvas, y sí, yo también soy de los que les entra la risa tonta y, a veces, por no decir casi siempre, se atraganta.
     Tal vez sean esos momentos de atragantamiento, momentos de miradas entre miembros de la familia, risas y sonrisas, los que hagan especial el cosquilleo en el estómago que sentimos cuando se aproxima la hora. La hora en la que otros 366 días y 366 noches vienen de camino, días de felicidad, tristeza, amor, odio... Pero, seguramente, será la compañía en la que estoy la que me haga sentir tan feliz. Tan feliz como una perdiz. Sí, Pablete y sus locuras...
     Por fin comienza la carrera de comer las doce uvas, una detrás de otra, sin tener apenas tiempo para respirar; comerlas entre los "TANG" y "TANG" de las campanas... Y llega el momento del confetti, los globos, los "¡Feliz año nuevo!" que nos deseamos mutuamente, los abrazos y los besos.
     Necesito sentir el cariño de mi familia de nuevo, sentir cómo están conmigo en cada momento: momentos duros, apoyándome y transmitiéndome toda su energía positiva, y disfrutando a mi lado de los mejores momentos... Siempre juntos.
     Empieza el 2012, y con él siento que quiero más a mi familia si cabe. Con el pensamiento de ese cariño se me dibuja una sonrisa en mi cara. Me arrodillo en frente del árbol de Navidad, aquél que hemos decorado entre todos, abro los brazos, y abrazo a mis niñas, mis sobrinas. Sintiendo sus bracitos en mi cuello, sus sonrisas en mi cara y mi amor por ellas de por medio, vuelvo a soñar despierto...

jueves, 5 de abril de 2012

25 de diciembre. Año nuevo, ¿vida nueva?


Navidades, esa época tan familiar, tan maravillosa, en la que parece que todos somos un poco, cómo decirlo, mejores personas. Nos unimos más si cabe a la familia. 
     Tal vez puedo permitirme el lujo de decir que tengo dos grandes familias. Por un lado mi familia íntima, esa que siempre ha creído en mi, mi familia de sangre, de genes... No tengo palabras para agradecerles todo su apoyo y cariño. Por ser los artífices de este sueño que se ha convertido en realidad. Ellos fueron, son y serán los que me ayudan a mantenerme con los pies sobre la Tierra.
     Y por otro lado a mi otra gran familia, sí, porque es mi familia. Esas personas que me siguen, que me apoyan y empujan a seguir adelante día a día con este proyecto. No quiero defraudarles, no ahora que esperan lo mejor de mi, y es por ello que pienso dejarme la piel en ello. Prometo dar lo mejor de mí mismo. Tengo que darlo todo por ellos, simplemente porque ellos han sido los propulsores del viaje hacia esta nube, la nube que se ha convertido en plataforma para mí y mis seguidores... Ellos fueron los que accedieron a darle al "Play"  en youtube, y gracias a ese cúmulo de decisiones estoy hoy donde estoy.
     Vienen en estas fechas recuerdos de mi niñez, de mi Málaga de niño, de cómo he ido creciendo, no solo a nivel personal, sino a nivel profesional. 
     Qué puedo decir de mi Málaga... Siempre la llevo conmigo, y es por ello que me considero malagueño de corazón. No solo por el hecho de que me haya criado aquí, sino porque verdaderamente uno es de donde ha vivido los mejores momentos, y yo, por supuesto los he vivido aquí. 
     Hay miles de momentos que me vienen a la mente pero, los que de verdad me han marcado son los momentos en la Feria. Hace unos años era yo el muchacho que iba por las calles con sus amigos, con la guitarra a mano, dispuesto a divertirse después de escuchar el pregón lo más cerca posible del escenario, para luego disfrutar de los conciertos. En cambio, el último año, fui yo el que estuvo encima del escenario, viendo disfrutar a chavales como yo...
     Termina un año, este año 2011 cargado de buenos recuerdos, de mágicos momentos, de historias vividas que permanecerán para siempre en mi memoria, imborrables, inalterables. Recuerdos felices que espero sean muchos más en el año que próximamente comienza. Espero que el nuevo año me traiga muchos más momentos felices tanto a mí como a todos los que me rodean, porque, a ellos es a los que debo todo lo bueno de este tiempo.
     Sin embargo hay algo que espero que cambie el nuevo año que se aproxima. Ese algo es el amor. Tal vez resulte extraño, pero todavía continúo buscando a mi compañera de este viaje, esa compañera que me escuche, que me entienda y con la que comparta mis alegrías y mis penas. Sé que algún día la encontraré, no pierdo la esperanza, a fin de cuentas es lo último que debemos perder. Sé que es algo que llega sin avisar, puede que incluso nos crucemos en algún momento sin imaginar que algún día la vida nos unirá. juntando nuestros corazones, cantando al son del amor...
     Quiero pensar que esa maravillosa persona me está esperando de la misma forma que yo la espero a ella. Sé que un día nuestros caminos se cruzarán, pero no sé cuándo ocurrirá, prefiero pensar que el destino va jugando sus cartas y algún día ganará la partida el As de corazones.
     Considero al amor el motor que mueve el mundo y algo imprescindible para cualquier persona. Para algunos es más para que otros; algunos tienen más necesidad de este sentimiento que otros, es verdad, pero a todos nos hace falta una pizca de amor para que nuestros días grises se iluminen, nuestros problemas se hagan más llevaderos, nuestras alegrías parezcan aún más felices... En algo estamos de acuerdo, sin amor no se puede vivir. Hay diferentes tipos de amor: el amor de familia, que todos tenemos por supuesto, y el amor pasional, ese tipo de amor es tal vez el que me falta en estos momentos. Un amor sincero, puro y bello. Romanticismo y pasión, juntos de la mano, eso es lo que de verdad me falta en esta vida. Espero, si Dios así lo quiere, encontrarlo en el nuevo año.
     Pero volvamos a los momentos navideños, esos que tanto me gustan, cuando estás rodeado de tu familia, ese momento en que ves la ilusión reflejada en los rostros de tus seres más queridos. Ilusión en el momento de abrir los regalos en los niños, esperando el ver qué será, y esas cenas y comidas familiares, ay, cómo las voy a echar en falta cuando marche para Latinoamérica. Tengo unas ganas inmensas de volver, la verdad,  ya quedé fascinado por la belleza de aquellos paisajes y me alegra tener la oportunidad de volver allí.
     Como he dicho, el 2011 llega a su fin y no encuentro palabras para agradecer por todo lo que me está pasando. Para reunir todos mis agradecimientos y cada uno de los momentos, reuniría todo en un enorme y sincero GRACIAS.
     Comienzo un nuevo año cargado de energía y ganas de trabajar, muchas ganas de trabajar, un año que espero me llene de alegrías y momentos felices y, si es posible, el tener la oportunidad de compartirlos juntos a ella...

domingo, 1 de abril de 2012

INTRODUCCIÓN



     Mi nombre es Pablo Moreno de Alborán Ferrándiz, pero supongo que soy más conocido como Pablo Alborán. Soy un chico malagueño de 22 años. Amo la música por encima de todo. Mi guitarra ha sido y continúa siendo mi fiel compañera de batalla en cada lugar que visito. Es la que me ha acompañado en los malos momentos, la que ha estado ahí cuando necesitaba desconectar; porque, sí, amigos, la música es mi vía de escape desde que era chiquillo. Yo veía a muchos niños jugando al fútbol por la ventana de mi habitación, mientras yo estaba tocando la guitarra, que era lo que de verdad me llenaba y me sigue llenando.

     Mi vida ha dado un giro de 180 grados en un breve periodo de tiempo. He pasado de cantar en el sofá de mi casa, cantando a mi familia y amigos,  a cantar delante de miles de personas. Cada lugar y cada una de las personas que están en ellos son únicas e irrepetibles. Sus risas son mis risas, sus emociones son las mías, sus lágrimas son las mías y sus palabras de ánimo y apoyo son el motor de este sueño que se ha convertido en una realidad para mí.

     Por fin he aprendido a tomarme un tiempo para plasmar en el papel todo lo que me va ocurriendo a diario. No quiero olvidarlo nunca y pienso que esta es la mejor forma para que los recuerdos puedan permanecer inalterables con el paso del tiempo.
Necesito contarlo, y, dado que no tengo a ninguna chica que me acompañe en este viaje, he decidido que esta es la mejor forma en la que lo puedo hacer.
     
     La verdad es que tengo ganas de enamorarme de verdad. Hace años que no tengo a una chica a mi lado; una chica que me escuche cuando llegue a casa, escuche todo lo que me ha pasado ese día, que me acompañe en este sueño que estoy viviendo, sueño en el que mis fans me acompañan de la mano... Claro que tengo muchos amigos y mi familia sigue estando ahí, pero todos y todas agradecemos a una persona con la que poder unirte para siempre. Yo lo doy TODO en el amor, y tengo ganas de poder darlo todo con alguien pero, mientras llegue, seguiré enamorado de mi guitarra, mi fiel amiga, la que estará en todo momento conmigo y con mis seguidores, viviendo cada minuto.
     De aquí en adelante prometo tomarme un rato para poder escribir mis experiencias diarias y, si lo consigo, sería como una historia basada en hechos reales; mi historia.

          Pablo.